La Iglesia necesita vocaciones de entrega a Dios en el sacerdocio, en la vida religiosa, en la vida apostólica.
Y, a veces, los padres y las madres no entienden.
L@s hij@s han de responder a la llamada de Dios, aunque tengan que ir contra la oposición de sus progenitores y, cuando sean mayores de edad (18 años), entregarse a Dios