Cristo es el Cordero de Dios, la Víctima que se ofrece en Sacrificio por nuestros pecados.
El Señor se sirve de mediadores para llamar a otros, haciéndoles descubrir su vocación.
Somos templos del Espíritu Santo. En un templo, lo más importante es que esté el Señor en el sagrario, que esté limpio, cálido, bien ordenado,...: Así tiene que estar nuestra alma.