La vocación del ser humano es vocación al Amor: Amor a Dios y, por Dios, a los demás.
El Cielo es el Amor infinito de Dios volcado en nuestros corazones. Todos deseamos ir al Cielo, pero con las alforjas llenas, contribuyendo con nuestro apostolado a que mucha gente se acerque a Cristo