Meditando en la Palabra

Meditando en la Palabra

By David Benjamin BellReligion & Spirituality
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Meditando en la Palabra episodes

  • MelP_634-Jeremias_2_5
    «Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos?» (Jeremías 2:5)

    Por medio del profeta Jeremías, Dios se dirigió a su pueblo rebelde para llamarles al arrepentimiento. La imagen famosa que encontramos aquí es el pecado de haber abandonado a Dios, la fuente agua viva, para cavar para sí cisternas rotas que ni pueden retener agua (2:13). Pregunta a su pueblo por qué sus antepasados se habían apartado de Él. ¿Acaso se alejaron de Dios porque les había hecho algún mal? Dios sólo hizo bondad para con su pueblo, pero el corazón de ellos se apartó tras los dioses de las naciones que les rodeaban. La frase al final del versículo es poderosa. Israel abandonó a Dios para ir en pos de la vanidad —de lo que realmente no tiene sustancia— y el resultado es que se hicieron vanos. Dios les permitió alcanzar lo que buscaban. Los ídolos que prometían darles sustancia sólo les dejaban más vacíos. Nuestra sociedad está en la misma situación hoy. Hemos abandonado a Dios, no porque nos ha fallado o nos ha hecho algún mal, sino porque hemos creído que otros dioses nos pueden saciar la sed de nuestra alma. Pero jamás podremos saciar nuestra sed en estas cisternas rotas. Nuestra única esperanza es volver al Dios que es la fuente de agua viva.

    No caigamos en el error de buscar saciar nuestra sed en la vanidad que nos rodea. Sólo nos puede hacer vanos. Busquemos a Dios, el único ser en el universo que no es vanidad y por lo tanto, el único que puede saciar nuestras almas. (David Bell)
    3 min
  • MelP_288-Sofonias_2_15
    «Ésta es la ciudad alegre que estaba confiada, la que decía en su corazón: Yo, y no más. ¡Cómo fue asolada, hecha guarida de fieras! Cualquiera que pasare junto a ella, se burlará y sacudirá su mano.» (‭‭Sofonías‬ ‭2:15‬)

    El profeta Sofonías anunció un mensaje de juicio divino contra una ciudad alegre y confiada. Esta descripción suena bien: un sitio donde todos estaban contentos y viviendo confiados. Pero el problema era que habían rechazado a Dios y habían puesto toda su confianza en sí mismos. Cuando dice que decían «Yo, y no más», literalmente, hace un juego de palabras haciendo eco del nombre divino de Dios, Jehová. O sea, esta ciuadad alegre y confiada estaba declarando que no necesitaban a Dios. Creían que eran autosuficientes sin Él. Pero su juicio venía de camino. Una de las grandes tentaciones del ser humano es exactamente eso: pensar que realmente no necesitamos a Dios. Puede que creamos que somos capaces de solucionar nuestros problemas y superar nuestras deficiencias sin una ayuda de arriba. Pero toda la historia humana se levanta en testimonio en contra de nuestra autosuficiencia. La pura verdad es que necesitamos a Dios. Somos pecadores sin esperanza en nosotros mismos. Debemos vencer esta tentación reconociendo que ninguno es suficiente en sí. Todos tenemos necesidad de Dios en nuestro día a día.

    Por eso hemos de buscarle todos los días en la Palabra y en la oración. Como decía Cristo al tentador: no sólo de pan vivimos sino de cada palabra que salga de la boca de Dios (Mateo 4:4). (David Bell)
    3 min
  • MelP_287-Habacuc_2_20
    «Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra.» (Habacuc 2:20)

    Lo más importante de este corto texto es su contexto. El libro del profeta Habacuc es un diálogo entre el profeta y su Dios sobre el plan divino de retribución. Al principio de libro, el profeta trae delante de Dios el pecado de su pueblo, que desde el punto de vista del profeta, Dios parecía ignorar. A continuación Dios revela su plan de usar a los caldeos para castigar a Judá. La sorpresa del profeta frente a los designios de Dios toma la forma de una queja (2:1). Podemos comprender la confusión y el malestar de Habacuc: por muy mal que estuviera Judá, los caldeos eran incluso peores. Pero Dios no se había equivocado. Más bien estaba llevando a cabo su plan y las protestas del profeta no añadieron información nueva que Dios no había considerado. Así que cuando leemos al final del capítulo 2 las palabras del profeta, reconociendo que Dios sigue sobre el trono del universo y que todos deben callarse ante Él, se nota que ha habido un cambio muy grande en el profeta. No es un silencio de amargura sino un silencio de confianza. Habacuc había reconocido que Jehová es Rey soberano y decide confiar en Él, incluso aunque no llegue a comprender todos los designios de Dios. Este testimonio de Habacuc se convierte en consejo para nosotros.

    Muchas veces haríamos bien en aprender a callarnos ante el Dios soberano y adorarle por fe. La verdad es que muchas veces no tenemos una perspectiva suficiente para entender todo lo que Dios está haciendo y por lo tanto es locura de nuestra parte criticar y quejarnos. (David Bell)
    3 min
  • MelP_227 - Lucas 23_8
    «Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal.» (Lucas 23:8)

    En la noche en que Judas entregó a Jesús, Pilato no sabía qué hacer, pero cuando se enteró de que Jesús era de Galilea, decidió enviarle a Herodes. Por su parte, Herodes se puso contento con la noticia, ya que desde hace tiempo había querido ver a Jesús porque tenía curiosidad. Había escuchado de los milagros que Jesús hacía y quería ver alguno con sus propios ojos. Herodes recibió a Jesús como si fuese un mago de fiesta. Pero Jesús no hizo ningún milagro para este curioso pero malvado rey. Hay muchos Herodes en el mundo hoy, personas que se alegran de ver a Jesús porque querrían sacar algo de Él. Pero terminarán burlándose de Él. La reacción de Herodes es la opuesta del verdadero creyente. Nos alegra ver a Jesús, no por la curiosidad de ver algo nuevo, sino de pura necesidad. Una persona que está ahogando en el agua no se alegra de ver el socorriste porque ha escuchado que es buen nadador. Se aferra al único que lo puede salvar de la muerte.

    Recordemos que las personas que nos rodean tienen una necesidad espiritual aunque no sean conscientes de ello o lo ignoren. No nos contentemos con su curiosidad por Jesús. Compartamos con ellos su necesidad, orando que Dios les abra los ojos para que sepan que Jesús es su única esperanza. (David Bell)
    3 min
  • MelP_222 - Lucas_22_26
    «mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.» (Lucas 22:26)

    Cuando observamos la participación de los doce discípulos en el ministerio terrenal de Jesús, lo que más destaca es el trecho entre su visión del ministerio y la de Jesús. Mientras ellos discutían entre sí sobre quién realmente sería el mayor en el reino de Dios, Jesús predicaba justo lo opuesto. Les habló humillarse, mostrar respeto hacia los demás como si fueran el más jóven del grupo, servir a los demás como un esclavo. No sé como escuchaban estas palabras, pero de alguna manera, perdieron de vista completamente lo que Jesús les estaba enseñando. Pero lejos de sencillamente predicar estas palabras, Jesús de verdad las vivía. El Hijo de Dios vino a este mundo para humillarse y servir a 12 hombres sencillos. El Rey de reyes entregó su vida para salvar a pecadores como tú y yo. Esta enseñanza del Salvador continúa en los evangelios. Pablo enseña a los Filipenses sobre la necesidad de emular la mentalidad de Cristo tratando a los demás como más valiosos que nosotros mismos (Fil. 2:3-4).

    Si estábamos tentados de quejarnos de esta enseñanza de Cristo como algo imposible, el ejemplo de Cristo cierra todo debate. El Espíritu de Dios puede producir esta misma actitud en nosotros que hubo también en Cristo Jesús. Que Dios nos ayude a tener ojos de siervos para que nos pueda usar para su gloria. (David Bell)
    3 min
  • MelP_209 - Lucas_19_5
    «Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.» (Lucas 19:5)

    Si cualquier otra persona hubiera estado pasando por Jericó aquel día y pronunciara las palabras que dijo Jesús a Zaqueo, sería culpable de un terrible atrevimiento. ¿Cómo podría un extraño decir a uno que ni conoce que se dé prisa porque es necesario que pose en su casa? Incluso, estas palabras parecen revelar una necesidad de parte del que las dice. No obstante, estas palabras en la boca de Cristo tienen otro signficado. Cuando Jesús llamó a Zaqueo, no hablaba de su propia necesidad. Jesús y sus discípulos estaban acostumbrados a dormir en muchos sitios. Seguramente si no hubieran dormido en casa de Zaqueo esa noche, podrían haber acampado en algún sitio en los alrededores de Jericó. O sea, la necesidad que comentaba Jesús no era la suya propia sino la de Zaqueo. Notemos que no dijo «me es necesario» sino simplemente «es necesario». El verdadero necesitado en aquella situación era aquel publicano bajito. Él necesitaba que Jesús viniera a su casa para que Dios transformara su corazón.

    ¿Somos conscientes de nuestra necesidad? También necesitamos que Cristo pose con nosotros hoy. Jesús, en su misericordia, sigue invitándonos a dejarle obrar en nosotros. (David Bell)
    3 min
  • MelP_443-Lucas_16_11
    «Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os confiará lo verdadero?» (Lucas 16:11)

    Jesús contó una historia de un mayordomo que no había sido fiel en su servicio a su amo. Sabiendo que su amo pensaba despedirle, el mayordomo por fin empezó a hacer su trabajo, o por lo menos un aspecto de su trabajo que antes había ignorado. Negoció la paga de varias deudas pendientes. Aunque esta acción tenía un beneficio para su amo, el principal beneficiario era el propio mayordomo, ya que después de perder su trabajo, planeaba aprovechar estos favores que había hecho a los deudores de su amo. El punto principal de la parábola es la importancia de saber usar los recursos que tenemos en este mundo para el beneficio del Reino de Dios. Pero lo que me llama la atención de este texto es que Jesús habla de dos tipos de riquezas, las injustas y las verdaderas. Con estos dos adjetivos podemos aprender volúmenes. No nos equivoquemos; Jesús no resta importancia a las riquezas de este mundo al llamarlas injustas. Todo lo contrario. Nos enseña que debemos ser fieles en usar sabiamente las riquezas. Pero la gran pregunta tiene que ver con las riquezas verdaderas. ¿Estamos haciendo tesoros en el cielo donde todo es justicia y permanente?

    Que Dios nos ayude a ser fieles con el dinero que nos permite manejar en este mundo pero también a usar los recursos que tenemos para buscar el tesoro verdadero en el cielo, a ser ricos para con Dios. (David Bell)
    3 min
  • MelP_192-Lucas_12_15
    «Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.» (Lucas‬ ‭12:15‬)

    En Lucas 12 leemos de un hombre que vino pidiendo que que Jesús obligara a su hermano a repartir la herencia con él. Jesús veía la avaricia del corazón de este hombre y aprovechó la situación para advertirnos del peligro del materialismo. El materialista ignora todo lo que no puede ver o tocar y por lo tanto, lo material controla su vida. La solución, sin embargo, no se encuentra en el otro extremo. Cristo jamás nos animó a ignorar todo lo material para dedicarnos exclusivamente a lo espiritual. Cristo, en cambio, nos recuerda que la vida consiste en mucho más que lo material. ¿De qué le sirve a la persona que ignora a Dios acumular riquezas en este mundo, si después le toca morir, y nada de lo que habrá acumulado aquí le servirá cuando tiene que dar cuentas ante Dios. El materialista puede intentar ignorar a Dios en esta vida, pero su convicción, por muy segura que sea, no cambia la realidad de que Dios existe. Cristo no ignora la importancia de lo material en esta vida. Más bien ponía lo material en su debido lugar. Sólo cuando tenemos un concepto claro de lo espiritual estaremos en la posición de poder comprender el papel correcto de lo material.

    Que Dios nos llene de sabiduría y equilibrio hoy para invertir en lo que realmente vale la pena. (David Bell)
    3 min
  • MelP_186-Lucas_9_28
    «Aconteció como ocho días después de estas palabras, que tomó a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar.» (Lucas‬ ‭9:28‬)

    Con estas palabras Lucas introduce la escena del monte de transfiguración. Mientras oraban los discípulos con Jesús, de repente lo vieron envuelto en la gloria que había sido suya desde antes de la fundación del mundo. Vieron claramente al Verbo de Vida hablando con dos de las figuras más grandes del Antiguo Testamento, Moisés y Elias. Era una experiencia inolvidable (2Pedro 1:16-17, Juan 1:14) que no volvió a repetirse. Pero era también una experiencia inesperada. Cuando iban los tres discípulos subiendo con Jesús al monte, jamás podrían haber imaginado lo que estaba a punto de ocurrir. Me pregunto si alguno de los discípulos casi se desapuntara de la reunión de oración porque tenía sueño o porque no se encontraba muy bien. Si no hubiera ido, habría perdido algo grande. Dios nos llama a la constancia. Nunca sabemos cuando Dios abrirá una puerta para testificar o nos hablará de forma especial por la Palabra o se reunirá con nosotros en la oración de manera extraordinaria.

    Tenemos que estar preparados, porque vienen momentos así y son preciosos. Pero nos es muy fácil perder las bendiciones de Dios porque no estamos donde debemos estar. Andemos en fidelidad con Él gozando de su comunión para no perder nada de lo que tiene para nosotros. (David Bell)
    3 min
  • MelP_434-Lucas_11_10
    «Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.» (Lucas 11:10)

    Jesús incluyó este pensamiento dentro de su enseñanza sobre la oración. Esta traducción del versículo está bien pero en el idioma original, se lee más bien así: todo aquel que sigue pidiendo, recibe ; ... que sigue buscando, encuentra; ... que sigue llamando o tocando a la puerta, se le abrirá. Lo que está enfatizando Jesús es la constancia en la oración. Ahora bien, es importante enfatizar que no se trata de simplemente repetir la misma petición hasta cansar a Dios. Eso es lo que Jesús en su sermón del monte llamó “vanas repeticiones”. Nos recordó que Dios ya sabe lo que necesitamos y por lo tanto, no hace falta intentar manipular a Dios por medio de esta vanas repeticiones como hacían los gentiles. Más bien lo que Jesús nos anima a hacer es tomar en serio la oración, a gozar de una comunión constante con Dios en la oración para llegar a conocerlo mejor. Lucas 11:13 lo deja claro cuando nos dice que el mayor regalo que nos puede dar nuestro Padre es el Espíritu Santo. El resultado de estar pidiendo, buscando y llamando en la oración es mayor comunión con el Espíritu de Dios.

    Tomemos en serio hoy la oración. Apartemos tiempo especial para seguir pidiendo, buscando y llamando, porque cosecharemos la bendición del tiempo y esfuerzo invertido en nuestra relación con Dios por su Espíritu Santo. (David Bell)
    3 min

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Un versículo de la Biblia junto con una meditación y una aplicación.