Vivimos en un mundo que persigue la paz como señal de felicidad, pero nunca la logra. Esta paz no la podremos tener si esperamos que el mismo mundo nos la pueda proveer y por eso, muchas veces queremos que quien altere esa paz añorada, tenga que pagarlo. El Señor Jesús en esta 7a Bienaventuranza tenía una idea diferente.