Muchas veces no tenemos ánimo para estar en la presencia de Dios. Las cosas no salen bien, estamos decepcionados , desanimados, frustrados, apáticos, etc.
Muchos nos alejamos y nada ganamos con eso.
Entonces Jesús se te “sienta en la barca” para hablar contigo, para indicarte el tipo de obediencia que espera, que nos tenemos derecho o argumentos válidos porque Él sabe lo que hace y que desea que te arrepientas y vuelvas a Él.