Antes de la campana, el boxeador vive una guerra mental donde el miedo al fracaso o a recibir un golpe fuerte puede bloquearlo por completo. Este estrés se nota en la "fiebre" pre-combate (nervios que te dejan sin aire y agotado antes de empezar) o en la "apatía" (sentirse vacío y sin ganas de pelear). Si el atleta no sabe calmar su mente, todo el entrenamiento físico de meses se puede perder en un minuto por culpa de la inseguridad. La clave es aprender a controlar esa energía para entrar al ring con una "confianza combativa" que permita usar los músculos y la estrategia con total libertad.