Cada vez que dices “mañana empiezo”, estás entregando una parte de tu futuro. Y lo más peligroso es que ni siquiera lo notas. La procrastinación no destruye tu vida de golpe, lo hace lentamente, día tras día, decisión tras decisión. Te convence de esperar el momento perfecto, de actuar cuando tengas más ganas, más energía, más claridad. Pero ese momento nunca llega.