Hoy no descendemos a cuevas milenarias ni seguimos el rastro de antiguas leyendas. Hoy abrimos una puerta distinta, más cercana, más cotidiana… y quizá por eso, más reveladora. Hoy nos sentamos a la mesa.
Pero no ante un menú cualquiera.
Hablamos de un menú que no está escrito, que no se repite, que no espera al comensal… sino que se deja encontrar. Un menú que nace del pulso de la tierra y del mar. Que depende de la lluvia, del viento y de ese sol tímido que apenas se asoma entre las nubes del norte.
Hoy descubrimos el menú de primavera verde.