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Con el aumento de la esperanza de vida se ha dado también un aumento de las enfermedades que cursan con deterioro cognitivo como son las demencias y el Alzheimer. Cuando uno es todavía joven no suele preocuparse de esas cosas pero conforme se va envejeciendo es normal que en algunos momentos asalten preocupaciones al respecto.
Recientes estudios han confirmado algo que de alguna manera se lleva diciendo hace ya algunos años, que las personas con mayor actividad cognitiva (lectura, escritura, actividad intelectual) están mejor protegidas contra el deterioro cognitivo.
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Se habla mucho de abandonar nuestra zona de confort, pero se habla menos del hecho de no buscar una. Sí, es un poco lo mismo, pero si lo primero es difícil lo segundo aún lo es más pues la mayoría de las veces nos pasa inadvertido. Porque además, no siempre es obvio qué se puede convertir en una zona de confort. Y hay muchas cosas que lo hacen.
Veamos algún ejemplo. Cuando hace ya algunos años acabé la carrera, tenía claro que quería dedicarme a la psicología, que no había estudiado por el mero hecho de "tener estudios" sino para ejercer mi profesión. Trabajar de psicólogo no es tan sencillo como pudiera parecer, pues terminas los estudios con una experiencia mínima y casi todos los puestos de trabajo requieren algo de experiencia para poderse realizar. Además no suelen abundar las ofertas para trabajar de psicólogo. Lo más práctico dadas esas circunstancias era ir trabajando de otras cosas mientras no llegase la oportunidad (en aquella época, sin Internet, montártelo por tu cuenta era casi imposible). Para conseguir mi objetivo hubo un par de cosas que tuve claras: coger cualquier trabajo que estuviera mínimamente relacionado con la psicología aunque se ganara menos y no hicieras de psicólogo y si realizaba otros trabajos que fueran cosas "provisionales". Por provisionales entendía yo trabajos en que no fuera fácil hacer una carrera profesional, que se acabarán en "si mismos".
Si bien todos sabemos que es de bien nacido el ser agradecido, el agradecimiento no es algo que se practique con la suficiente frecuencia. Muchas personas consideran que tienen una especie de derecho natural a recibir ciertas cosas y que por tanto no tienen porqué agradecerlo. Otras ni siquiera se plantean que hayan motivos para mostrase agradecidos o musitan un gracias rutinario, sin ni siquiera mirar a la persona a la que supuestamente agradecen algo.
Yo diría que hay dos tipos de agradecimiento:
- Uno privado, con nosotros mismos, más íntimo, en que agradecemos aquello que nos da la vida.
- El que se da a otras personas.
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