A veces pensamos que, cuando perdemos a un ser querido, la vida ha sido injusta. Nos preguntamos: ¿por qué a nosotros?, ¿por qué esa persona se fue tan pronto?, ¿por qué cuando parecía que todavía le quedaba tanto por vivir, tanto por amar y tanto por compartir?
Ese pensamiento me acompañó durante mucho tiempo desde que perdí el vínculo más grande que una hija puede tener desde que nace: el de su papá. Mi familia pasó de ser tres a ser dos, y durante años me costó comprender ese vacío.
Pero hoy, con el paso del tiempo y la gracia de Dios, puedo mirar esa historia de una manera diferente. He aprendido a creer que la misión de una persona no termina cuando parte de esta tierra. Dios sigue obrando a través de su vida, de su legado y del amor que sembró en quienes nos quedamos.
Quizá por eso hoy estoy aquí. Compartiendo mi historia, aprendiendo a vivir el duelo con esperanza y descubriendo que incluso el dolor puede convertirse en un camino para acercarnos más a Dios.
En este episodio de "Mexicana con Espíritu" me acompaña una amiga que también ha vivido el duelo en medio de la maternidad. Juntas compartimos de corazón y desde nuestra experiencia esas preguntas que muchas veces nadie se atreve a decir en voz alta y de cómo, aun en medio de la ausencia, Dios se hace presente.
Si hoy extrañas a alguien, deseo que este episodio te recuerde que el amor no termina con una despedida y que, aunque el duelo cambia un poco todo, Dios nunca deja de caminar a nuestro lado.