En una misma sala, separadas apenas por una puerta vaivén, la vida y la muerte se abren paso con la misma intensidad.
De un lado, una madre recibe la noticia más devastadora que puede existir. Del otro, otra mujer atraviesa el momento más poderoso de su cuerpo: dar vida.
Dos experiencias opuestas… pero unidas por la misma fuerza.
Como médica, me toca habitar ambos mundos. Ser testigo del dolor más profundo y, al mismo tiempo, del milagro más puro.
Y en ese contraste, entender que la vida no es lineal… es sagrada.
Este episodio es una invitación a recordar quiénes somos.
A reconocer el poder que habita en nosotras como mujeres, como portales de vida, como creadoras.
Y también a comprender, como seres humanos, que nuestra existencia tiene un valor que va mucho más allá de lo superficial.
Porque cuando tomamos conciencia de nuestro origen… dejamos de conformarnos.
Y empezamos a vivir con propósito.