En este episodio vuelvo a la esquina de mi infancia, donde conocí mi primera biblioteca: la tienda de dulces de Doña Lucía.
Ahí, entre historietas colgadas de una cuerda y bancas de madera, descubrí que las palabras podían llevarme a otros mundos. Doña Lucía me prestaba cuentos, novelas ilustradas y fragmentos de vida que marcaron para siempre mi relación con la lectura.
Esta es una memoria personal, una forma de agradecerle a la mujer del barrio que me abrió las puertas de la imaginación mucho antes de que supiera que existían las bibliotecas.