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Han pasado cinco años desde la última vez que nos sentamos a conversar largo y tendido.Entonces fue en una mesa, frente a un café, con recuerdos compartidos y muchas décadas de jai-alai sobre la mesa.Hoy no estamos en el mismo lugar físico, pero sí en el mismo tiempo de la vida. Joey Cornblit nos acompaña de nuevo, esta vez por videoconferencia, desde Florida.Para quienes no lo conozcan —aunque su nombre forma parte de la historia grande del jai-alai— Joey fue mucho más que un gran pelotari: fue una figura única, irrepetible.Un americano, judío, que se abrió paso hasta lo más alto en un deporte dominado durante generaciones por vascos, y que lo hizo con talento, carácter y una personalidad arrolladora. Pero hoy, además del deportista excepcional, me acompaña el hombre.Un hombre que en los últimos meses ha tenido que jugar un partido distinto, lejos del frontón.Joey está en remisión tras una leucemia, y el simple hecho de poder sentarnos hoy a conversar ya tiene un valor especial. Esta entrevista no es una mirada nostálgica ni un ajuste de cuentas con el pasado.Es un recorrido sereno por una vida intensa, por una carrera extraordinaria, y por todo lo que permanece cuando se apagan las luces del frontón. Joey, gracias por estar aquí.Gracias por tu confianza, por tu generosidad…y por seguir compartiendo con nosotros tu historia, tu voz y tu tiempo.
By Juan Ignazio ZulaikaHan pasado cinco años desde la última vez que nos sentamos a conversar largo y tendido.Entonces fue en una mesa, frente a un café, con recuerdos compartidos y muchas décadas de jai-alai sobre la mesa.Hoy no estamos en el mismo lugar físico, pero sí en el mismo tiempo de la vida. Joey Cornblit nos acompaña de nuevo, esta vez por videoconferencia, desde Florida.Para quienes no lo conozcan —aunque su nombre forma parte de la historia grande del jai-alai— Joey fue mucho más que un gran pelotari: fue una figura única, irrepetible.Un americano, judío, que se abrió paso hasta lo más alto en un deporte dominado durante generaciones por vascos, y que lo hizo con talento, carácter y una personalidad arrolladora. Pero hoy, además del deportista excepcional, me acompaña el hombre.Un hombre que en los últimos meses ha tenido que jugar un partido distinto, lejos del frontón.Joey está en remisión tras una leucemia, y el simple hecho de poder sentarnos hoy a conversar ya tiene un valor especial. Esta entrevista no es una mirada nostálgica ni un ajuste de cuentas con el pasado.Es un recorrido sereno por una vida intensa, por una carrera extraordinaria, y por todo lo que permanece cuando se apagan las luces del frontón. Joey, gracias por estar aquí.Gracias por tu confianza, por tu generosidad…y por seguir compartiendo con nosotros tu historia, tu voz y tu tiempo.