Una noche acepté un trabajo en el Videoclub Omega, un lugar que parecía sacado de otra época. Al llegar, encontré una lista de reglas extrañas que debía seguir: no abandonar el mostrador en ciertos momentos, no aceptar ciertas películas, y nunca abrir la puerta trasera. Lo que parecía un trabajo sencillo se convirtió en una lucha por mi vida, enfrentándome a sombras que no eran humanas, clientes que no deberían existir, y reglas que parecían ser mi única protección. Ahora sé que el Videoclub no es un lugar común, sino un ciclo eterno que nunca termina.