Fui asignado a la estación espacial Eos para estudiar formas de vida alienígena, pero desde el primer día me entregaron una lista de reglas extrañas: revisar cámaras a horas específicas, evitar los sistemas de comunicación entre las 2 y las 4 AM, nunca mirar directamente al espacio y, sobre todo, no entrar al Módulo 12. Pensé que eran protocolos absurdos, hasta que las sombras empezaron a moverse y las cámaras mostraron cosas imposibles. Al romper las reglas, desaté algo que nunca debí despertar, algo que ahora me sigue incluso fuera de la Eos.