Sacúdete el polvo. Limpia las heridas de tus rodillas. Enjuga tus lágrimas. No desfallezcas. La meta está próxima. La promesa está muy cerca. Mientras tanto, ora, cree y espera.
Las circunstancias no dictan el curso de la vida para quienes andan con el Señor, pues ellos ven con los ojos del espíritu, los ojos de la fe, y no de la razón.