La vida de Santa Catalina Labouré, nacida en 1806 en Fain-lès-Moutiers, Francia, está marcada por una profunda fe y humildad. Huérfana de madre a los nueve años, asumió responsabilidades familiares hasta ingresar al convento de las Hijas de la Caridad en 1830, tras superar la oposición de su padre. En julio de ese año, experimentó visiones de la Virgen María, quien le encomendó crear la Medalla Milagrosa, con la inscripción "Oh María, concebida sin pecado, rogad por nosotros que recurrimos a Vos". A pesar de los tumultos de la Revolución de 1830 y la guerra franco-prusiana de 1870, Catalina vivió en anonimato, sirviendo a los pobres y enfermos en Reuilly. La medalla, acuñada en 1831, se difundió rápidamente, trayendo conversiones y curaciones. Murió el 31 de diciembre de 1876, y su cuerpo fue hallado incorrupto. Beatificada en 1933 y canonizada en 1947 por Píos XI y XII, su legado perdura como un símbolo de devoción mundial.