Jesús, como parte de su enseñanza y ministerio, reivindicó el puesto de la mujer concediéndole aquellos derechos que Dios los había establecido pero que los seres humanos, en todos los tiempos, los pasamos por alto.
Un grupo de mujeres, juntamente con los doce discípulos, se convertirían en sus discípulas, testigas de su muerte, sepultura y resurrección y las privilegiadas al apoyar, con sus bienes, la causa del Señor Jesús.