No te preocupes por las dificultades que se presenten incluso en tu familia. Cuando pones a Dios en primer lugar, todo al rededor es poco con el gozo que el Espíritu Santo te da, incluso en medio de los problemas.
Cuando amamos de verdad hacemos cosas impensables hasta ese momento, con Jesucristo sucede de la misma forma. Cuando lo conocemos encontramos en Él, ese deseo de seguirlo hasta el final.
Queridos hermanos, al que se le dio mucho, se le pedirá mucho. Si no nos damos a nuestros prójimos, estamos perdiendo el sentido verdadero del evangelio.