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¿Será que no controlarte te ha costado tu tranquilidad más de una vez? Esto es para ti.
A veces el afán por hacer todo perfecto nos juega en contra, pero, ¿cuál es la cura para esto?
El tiempo puede ser tu aliado, si vives con inteligencia. Mientras te empuja tienes dos opciones: permitir que te arrastre sin piedad o navegar por encima de él.
¿Hacer las cosas con miedo o fracasar?, no siempre esperes el ímpetu de los siete mares para arrojarte a lo desconocido. Si supiéramos con exactitud todo lo que nos depara el destino, no existiría tal cosa como la fe.
No necesitas tener el lugar más importante a la mesa para influir; desde una posición humilde puedes ser un factor de cambio. Lo único que necesitas es mantener tu integridad y convicciones bien firmes en tu interior, para que en todo lugar donde entres tu presencia sea de impacto.
Eso que estás buscando, eso que incluso ves cómo un sueño imposible: puede suceder. Porque escrito está que para cada cosa existe un tiempo y un modo.
Si no puedes evitar vivir en incertidumbre, recuerda siempre reservar en tu corazón una expectativa de lo que Dios puede hacer. La fe en Dios es el origen de lo imposible, es decir, donde lo imposible se vuelve realidad.
A veces vivimos dejando relaciones rotas por aquí y por allá a causa de nuestra necedad. Eso aparta a las personas, rompe las relaciones entre padres e hijos, entre socios de trabajo, entre amigos y personas que se quieren, incluso que se aman, dejando en nuestra vida un rastro de fracaso
La convicción de hacer lo correcto y permanecer de pie frente al mal te distingue del resto, fortalece tu carácter, afirmara tus pasos, te da claridad para que incluso en la oscuridad andes con integridad con una total confianza y certeza, como quien se mueve a través del día.
El amor al dinero es una trampa, es la alucinación de un oasis en medio del desierto que te engaña y cuando menos lo esperas te sorprendes debajo de un agobiante calor. Es como el canto de una Sirena que te atrapa porque “...Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”, Eclesiastes 1:8
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