El campeonato europeo logrado por Italia tras 53 años fue una excusa, un viaje, una vía; una forma de volver a poner sobre la mesa el verdadero debate que se debe el mundo: Dejen de ponerle ananá a la pizza.
Comenzó en las semifinales con una bandera, y terminó siendo una cuestión de Estado, con la palabra del entrenador. En #MQH, como buenos azzurris, nos subimos a esta pizza.