(Romanos 8:16-18) [16] El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. [17] Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados. [18] Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.