Le pasó a Francisco de Asís, a Teresa de Ávila, a Ignacio de Loyola y a tantos santos más comenzando con Jesús en
caminamos con Dios a veces podemos caer en una gran desolación. Un
gran problema, una tragedia, un gran miedo, una angustia por
diferentes razones; caemos en esa profunda desolación y sabemos que
en esos momentos tenemos que irnos a un retiro de silencio y
unas horas o unos días. Y de repente, en medio de él, Dios se
manifiesta. Nos hace entender tantas cosas, nos abre los ojos del
alma, nos dilata el corazón. Y aquello que había sido una pesada
carga se convierte en una dulzura y un gozo inenarrables; y una vez
más experimentamos que mientras más profunda la angustia más alta
la manifestación gozosa de Dios que nos da enseguida si lo buscamos
a él y pedimos su consolación; somos en esos momentos como la oveja
herida que viene a su pastor para que la cure y la vende.
sanación, consolación y gozo no lo pueden experimentar los que no
siguen a Cristo ya que estos solo viene de él, de Dios.
narra en su biografía de Francisco de Asís que en una de sus tantas
crisis, estaba dudando de su capacidad para guiar a los 8 hermanos
iniciales que ya lo seguían y después de encerrarse en una gruta de
la montaña para orar y estar en retiro, para llorar con Dios y
expresarle sus penas, Dios le dijo: ¿Por qué tener miedo,
Francisco, hijo de Asís? Yo soy el único Salvador. Todo lo puedo.
De las piedras frías saco hijos palpitantes. En un instante coloco
en pie generaciones sepultadas. Desde siempre y para siempre yo soy
el único Pastor. Yo soy el único conductor de los pueblos. Soy
también el único Pastor de los ocho huerfanitos —y de todos los
que vendrán— de la Porciúncula.
Asís. Cree en mí. Espera en mí. Salta, Francisco. Ven a mis
brazos. Estoy aquí en la sima profunda. Salta, ven. A ti sólo te
hace falta colocarte en mis manos. Lo demás lo haré yo. Yo soy el
fundador y conductor de la nueva Orden. Yo seré tu descanso y
fortaleza, tu seguridad, tu alegría, tu ternura, tu padre, tu madre
mismo. Cuanto más profunda es la desolación, más alta es la
consolación. Las crónicas intentan, pero difícilmente aciertan a
describir lo que sucedió: una repentina y explosiva, intensa como
nunca (¿cómo llamar?) ¿felicidad?, ¿éxtasis?
la gruta profunda del specco. Era como si los Montes Sabinos hubieran
desaparecido, y los senos del mundo se hubieran dilatado hasta el
infinito, y esfumado las distancias siderales... y no hubiera
tierras, montañas o estrellas, sino que sólo existiera el gozo,
mejor, sólo existiera Dios...
Cuando tenemos una de estas consolaciones podemos entonces entender
mucho mejor las palabras de Jesús:
Mat
11:28
"Vengan
a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré
:29
Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y
humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma.
:30
Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana."