La Inquisición no fue creada por la Iglesia Católica para salvar las almas humanas, sino para preservar la doctrina y la fe que, en cada momento, se consideraban correctas frente a las ideas sostenidas por los herejes y que, frecuentemente, eran contrarias a la ortodoxia establecida por la jerarquía eclesial. Sin embargo, su actuación represora acabó produciendo un sufrimiento humano inenarrable.