En las profundidades de Guanajuato, México, donde las minas parecen gargantas abiertas hacia el infierno, existe una construcción que desafía al tiempo y a la cordura.
A finales del siglo XIX, un ingeniero minero llamado Tadeo Fulgencío Mejía compró aquella casa como regalo de bodas para su amada, María Constanza de la Rivera Olmedo. La mansión, construida un siglo antes por el Marqués de San Clemente, estaba destinada a ser su nido de felicidad. Pero la dicha nunca llegó.
Una tragedia cambiaría el rumbo de todo…
Créditos: fotografía utilizada de Viridiana Hernández y TV Guanajuato.