En este trabajo el periodista recurre a la crónica para hacer un símil entre Fernando Botero y los artistas de la calle, que inician en este mundo representados en un migrante venezolano Juan Rodríguez, que al igual que el maestro Botero, expresa toda su creatividad en una superficie por medio del arte madonnari que utiliza unas tizas especiales, mientras Botero lo realiza en un lienzo, Juan Rodríguez lo hace en el piso; mientras la obra de Botero es custodiada en cuatro muros y con mucha seguridad, este artista la tiene exhibida al aire libre, mientras una pintura de Botero puede perdurar años, la obra de Juan Rodríguez en poco tiempo pasará al olvido; mientras el Museo de Antioquia cuenta con una directora, varios curadores y la parte administrativa, Juan Rodríguez gestiona todo su espacio creativo y administrativo en una concurrida calle por la cual transitan a diario miles de personas impregnando cada partícula de su pintura en las suelas de los zapatos.