El miércoles 8 de marzo finaliza el mandato de Sandra Quiñónez, la primera mujer en ocupar la Fiscalía General del Estado. Se va, tras superar cuatro intentos de juicio político, dejando en la mayor ruina moral de su corta historia democrática a una institución clave para el desmantelamiento de la corrupción y la delincuencia general.
Negligencia. Impunidad. Desidia. Corrupción interna. Son las líneas que cruzan una institución cuya gestión ha perdido credibilidad, que también carece de recursos y tecnología para luchar contra el crimen organizado, un flagelo que crece exponencialmente poniendo en peligro de muerte a una sociedad que no toma nota de los peligros de la narcopolítica. Una calamidad que se ha cargado a uno de los mejores y honestos fiscales como Marcelo Pecci.