La Teología Moral suele dividirse en Moral Fundamental y Moral Especial.
La Moral de la Persona es una parte de la Moral Especial que considera la persona humana como llamada a realizar el bien, a alcanzar la perfección y la santidad, ordenando a ese fin, mediante las virtudes humanas y sobrenaturales, todas sus facultades y aptitudes.
En el presente manual no se estudia la virtud de la justicia, que es una parte de la Moral de la Persona que suele designarse con el nombre de Moral Social.
El término Moral Social, sobre todo cuando se contrapone a Moral de la Persona, puede dar lugar a equívocos.
En realidad, toda la Moral es moral de la persona, pues el sujeto moral es siempre una persona y sus actos morales son actos de una persona.
Y a la vez, toda la Moral es moral social, pues no existe acción personal por íntima que sea que no tenga una repercusión en los demás.
Tampoco se estudian en este manual las virtudes sobrenaturales, objeto de la Moral Teologal. Sin embargo, tendremos muy en cuenta la relación de las virtudes humanas con las virtudes sobrenaturales, porque nuestro objetivo es reflexionar sobre la conducta humana no solo desde el punto de vista de la moral filosófica, sino también teológica, y sabemos por la revelación divina que, en realidad, toda persona está en relación con Cristo: está predestinada a ser Cristo; es otro Cristo en acto, por la gracia; o ha roto su unión con Cristo.
La persona de la que tratamos en este escrito es la persona real, creada por Dios para hacerla partícipe de su felicidad por el amor y el conocimiento, caída por el pecado original, redimida por el amor de Cristo, elevada a la condición de hija de Dios. Una persona que está llamada a identificarse con Cristo, a ser Cristo, y a continuar en el mundo la misión de Cristo en la Iglesia. Para vivir esta vocación, la persona cuenta con las virtudes y dones sobrenaturales, donados gratuitamente por Dios, y con las virtudes humanas, adquiridas con la ayuda de Dios y el esfuerzo personal.
Por todo ello, si no tuviéramos en cuenta la vocación radical de la persona a ser Cristo, sería imposible entender el sentido de las virtudes, y la necesidad de practicarlas.
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