No hay silencio más profundo que el del estómago vacío. No es un rugido, sino una
ausencia: la ausencia de alimento, de energía, de posibilidad. “Morir de hambre” suena
como una expresión arcaica, casi irreal en un mundo que produce suficiente comida
para alimentar a 10 000 millones de personas —más del doble de su población actual—.
Y sin embargo, en 2025, más de 735 millones de personas viven con inseguridad
alimentaria grave, y casi 30 millones se encuentran al borde de la hambruna, según el
último informe conjunto de la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola
(FIDA), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), el Programa
Mundial de Alimentos (PMA) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) (FAO et
al., 2024).