Nuestras emociones pueden ser un freno o un motor propulsor en nuestra vida, todo depende del conocimiento y manejo que tengamos de ellas, y eso es algo que es personal a cada uno, pues cada persona manifiesta más un tipo de emoción que otro. La vida de las personas demuestra que, en su mayoría, doblegan su voluntad a la vorágine descontrolada de sus propias emociones y, por tanto, obtienen desorden en sus vidas y falta de control y consecución de resultados. Esas personas han otorgado a sus emociones el control, guía y destino de su vida. Y ¿qué ocurre cuando ponemos nuestro destino en manos de un conductor descontrolado? pues que estamos expuestos a su falta de control y criterio, y llegaremos a donde sea que el se dirija, y acabaremos frustrados y decepcionados.