Un mes de lluvias (cadena de borrascas, le llaman los entendidos), una lesión en la espalda (menos grave que molesta) y la obligada reclusión favorecen cierto estado de a´nimo que al empujarte al callejón emocional sin salida de la depresión, también te incita a pelear y a quitarte de encima toda la mugre que el mal tiempo, la escasa luz y la condena de no poder salir a patrullar los caminos te arroja sobre los hombros. De manera que para aquellos que nos cuesta someternos a la disiciplina del estudio (armonía, escalas, f´ormulas para conjugar el éxito...) resulta en una oportunidad para crear, imaginar, escribir y plasmar sonidos (a su modo: otra forma de disciplina). Ortega decía que la acción es la enemiga de la reflexión. Así que nada hay más productivo que echarse la guitarra al hombro y meterse de lleno en esos laberintos de arpegios y acordes para ver qué sale al final. Este es el resultado. Una de los tres temas que he compuesto y grabado las últimas 5 semanas. Después, como es habitual, viene el desafío de la mezcla. Seguro estoy que la tendré que mezclar varias veces hasta que el conjunto suene como realmente me suena a mí en la cabeza. MOVIMIENTO (PARADA Y GRITO) va precisamente sobre ésto: si te paras, tienes que estar igualmente dispuesto a escuchar a los demonios de tu destino, ése sobre el que no tienes ningún control.