La palabra patrimonio proviene del latín patrimonium y hace referencia a los bienes que el hijo tiene y que fueron heredados por su padre y abuelos. El patrimonio como nosotros lo conocemos tiene distintas concepciones, expresiones y contextos, pero en términos generales podemos considerarlo como el conjunto de bienes muebles e inmuebles de un grupo doméstico, que supone su posesión o titularidad y que representa un conjunto de derechos, obligaciones o responsabilidades, las cuales, en la mayoría de los casos recae en los hombres, permitiéndoles tener el control del patrimonio, lo cual lleva implícito la figura de autoridad, la toma de decisiones, el control y los derechos.
Si el concepto de patrimonio lo combinamos con el de la violencia, podemos entender la violencia patrimonial como aquel acto u omisión que afecta la supervivencia de la víctima. La violencia patrimonial puede sufrir cualquier persona, aunque en la mayoría de los casos las mujeres y las niñas han sido las más afectadas. La violencia patrimonial se puede dividir en violencia material y violencia económica y es una de las formas de violencia que está más presente en nuestro entorno, aunque en la mayoría de los casos pasa percibida. Por ello, resulta fundamental empezar a conocerla, a reconocerla, a nombrarla y por qué no, tratar de erradicarla.