La relación con nuestro padre es fundamental en el desarrollo de nuestra personalidad. Todos tenemos un padre biológico, no todos un padre que los ha acompañado en el camino. Refiriéndonos a la paternidad, podríamos afirmar que en nuestra sociedad podemos concebir básicamente dos grupos fundamentales: Un grupo que ha sido impactado por la presencia amorosa de un padre y y otro grupo que ha sido profundamente afectado por la presencia violenta de un padre o por su ausencia. Aunque nuestro padre terrenal no nos haya acompañado, tenemos un padre celestial que nos mostró Jesús.