”CHAMBACÚ y URIBERTA”, Los cimarrones que se emanciparon a través del sabor de sus fiestas.
Las teclas de la marimba anuncian una caravana de cuerpos negros contoneándose en clave de resistencia. La música de los tambores, el ritmo de los cuerpos, la oralidad ancestral de lo afro resisten al paso del tiempo y a la diáspora que ha transitado por siglos desde tierras lejanas hasta los espacios afroamericanos, tales como el Pacífico Colombiano.
La diáspora como un espacio seguro frente a la esclavitud, la guerra, el hambre, el racismo, lo colonial… mantiene la vida al son de la marimba, del tambor y de personajes místicos que protegen al pueblo negro de la muerte total, manteniendo un hilo fino entre los perecidos y los vivos, un hilo que se manifiesta en los cantos fúnebres y en la tradición oral que no olvida a los ausentes.
El patrimonio del Pacífico colombiano es narrativa de la vivencia del cuerpo negro en América. Es testimonio de resistencia cultural al paso del tiempo y la barbarie, de los viajes entre espacios, del desplazamiento, la guerra y la muerte. Es clamor por la esperanza de existir bailando, de ser en la diversidad, de justicia y dignidad sin importar el color de piel.
El patrimonio afrocolombiano es muestra de vida. Un tambor siempre pervive, siempre vuelve a retumbar como un latido de fuerza.