El “Succubus Club” —el mítico antro donde clanes, conspiradores y depredadores nocturnos se encuentran bajo neones decadentes— sirve como punto de partida para una curaduría que abraza géneros como el darkwave, el industrial, el EBM, el gothic rock y la electrónica más sombría. Cada pista es un fragmento de ese ecosistema: un susurro en una esquina del club, un ritual clandestino en la pista de baile, un reflejo de sangre en un baño sin luz.