Siguiendo nuestros programas dedicados a la Zarzuela en este mes de Marzo, hoy toca homenajear al BARITONO Emilio Sagi-Barba, Barcelona, 26 de marzo 1876; Polop de la Marina (Alicante), 7 de agosto de 1949
Pocos cantantes de zarzuela han disfrutado durante más de treinta años de tanta popularidad, lo mismo en España que en Sudamérica. Fue, en este género tan nuestro de la zarzuela, una figura señera y única. Ninguno de los de su cuerda pudo igualarle. Arrebataba a los públicos por su bella voz, su correcta dicción, su característica escuela de canto y también por sus inacabables calderones.
Emilio Sagi-Barba nació en la calle Carretas de Barcelona en 1876. Cuando contaba seis años de edad sus padres se trasladaron a Mataró y él ingresó en el Colegio de los Escolapios como hijo de pobre. Estudió solfeo, nociones de canto y más tarde intervino en las funciones religiosas del colegio. Pocos años después, su padre fijó la residencia en Barcelona para trabajar en una fábrica de hilados y el muchacho continuó en el Conservatorio Municipal los estudios de música y canto. Cuando le cambió la voz su profesor le anunció que tenía condiciones para llegar a ser un buen barítono, lo cual le disgustó mucho porque hubiera preferido ser tenor.
El teatro le apasionó y esta afición no le detuvo. A los diecinueve años, deseoso de triunfar y ver mucho mundo, marchó a Buenos Aires con una modesta compañía lírica. En aquella nación hermana, encontró la ayuda del padre Xirau, catalán, como él, que era maestro de capilla de la Catedral; le daba cien pesos cada vez que participaba en una misa solemne. A la vez, dirigía el coro del Teatro Argentino y como cantante sustituyó al barítono que debía hacer la parte de "Melchor" en el estreno de LA DOLORES, de Bretón. Esto le proporcionó un contrato de 400 pesos. Había ido como segundo barítono, pero a fuerza de tesón y estudio, en poco tiempo llegó a primero con el repertorio grande: MARINA, LA TEMPESTAD, LA BRUJA, LA MASCOTA, LOS MADGYARES, EL POSTILLÓN DE LA RIOJA, EL GUITARRICO y EL ANILLO DE HIERRO, que le valieron grandes triunfos en varios países de aquel continente. En 1905 Sagi-Barba hizo un alarde de facultades poco frecuente. Mientras actuaba en el Teatro Victoria de la capital argentina, la compañía de ópera italiana que lo hacía en el Politeama, organizó una función de gala para conmemorar el cuarto aniversario de la muerte de Verdi. La comisión le pidió que participara en ella y aceptó. Aquel día, hizo por la tarde EL JURAMENTO, de Gaztambide en el Victoria y después, por la noche, en el Politeama el tercer acto de HERNANI con los italianos, aprendido en dos días. Alcanzó el éxito más grande de su carrera. Tanto los compañeros como la prensa le llenaron de elogios. Más tarde, en La Habana, interpretó un magnífico RIGOLETTO que le deparó una sorpresa. Entre el público estaba Titta Ruffo, quien complacido, le envió una carta donde le decía: "Yo, que soy un creador de Rigoletto, declaro admirado que el de usted me encantó"