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Una inescrupulosa manipulación de la política ancestral y contemporánea en la que el manejo de un país, se ha convertido en el sanitario de inscripciones retrogradas que benefician al político y malogran al conciudadano.
¿Paz kantiana?
¿Cómo es posible que un simple graffiti, encontrado en una de las paredes que sirven de protección y distanciamiento entre la comunidad y los rieles del tranvía, de Medellín, que conecta el centro con las comunas ocho y nueve, tenga tanto contenido y discusión, y ser tomado, así como tan a la ligera?
“Su cabello era tan blanco como la lana, y hasta parecía estar cubierto de nieve. Sus ojos parecían llamas de fuego, y sus pies brillaban como el bronce que se funde en el fuego y luego se pule. Su voz resonaba como enormes y estruendosas cataratas. En su mano derecha tenía siete estrellas, y de su boca salía una espada delgada y de doble filo. Su cara brillaba como el sol de mediodía”.
(Apocalipsis 1:14-16)
Una aproximación a lo que hemos sido desde siempre: imitadores de lo natural, que parece tan natural que ya no se llama antinatural.
Elena es una niña extrovertida que reconoce la inocencia de los citadinos y hace de las suyas con sus travesuras.
Se lista la manera como ha venido conduciendo la política el muñeco del Centro Democrático. Esto marca el final de un grupo político que ha logrado despertar la conciencia de sus habitantes, hasta el punto de no querer comprometerse con ninguno de los partidos tradicionales del País.
En este episodio, el viejo, cansado de bañarse con el Monsanto de la avioneta asperjadora, decide partir a los llanos orientales, en busca de una mejor opción de vida para su familia.
Cuando la exigencia es mucha durante la infancia, cualquier terreno es apto para salir adelante, pese a las dificultades.
Lo que cuenta la montaña, no son más que lamentos de la conducta humana.
Llegar un fin de semana a la vereda es entrar en un estadero con la música a todo volumen en cada casa. Un vallenato aquí, Arelis Henao allí, Rancheras por el otro lado, una que otra carrilera en otra casa. El ambiente de campo se ha venido perdiendo. Las guacharacas, los loritos y hasta el quejido de los chivos y burros es silenciado por la estridente música de los bafles de un tamaño tan descomunal que suelen servir como base para acomodar los platos de sudado de pescado o sancocho de gallina, estofado o tamales que suelen ser el producto por excelencia en las viviendas, ahora construidas con materiales donados por el Municipio.
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