Cuando los aliados luchaban por liberar Europa del dominio nazi durante la Segunda Guerra Mundial, la demanda de morfina en los hospitales de campa帽a era muy grande, y escaseaba cuando en los enfrentamientos se produc铆an muchas bajas. A veces incluso hab铆a que operar sin anestesia.
En una de esas ocasiones, Henry K. Beecher, un anestesista estadounidense, se dispon铆a a operar sin morfina a un soldado que ten铆a unas heridas muy graves. Entonces sucedi贸 algo incre铆ble: una de las enfermeras le inyect贸 una soluci贸n salina y, para sorpresa de Beecher, el soldado se tranquiliz贸 de inmediato. No solo no sinti贸 casi dolor durante la operaci贸n, sino que tampoco tuvo ning煤n problema cardiovascular. Al parecer, el agua salada era un potente anest茅sico.
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Locuci贸n, producci贸n y dise帽o sonoro: Iv谩n Patxi G贸mez Gallego
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