Nos presetearon para que al mirarnos al espejo sólo encontremos defectos.
Nos bombardearon de tal manera con imágenes de cómo teníamos que ser, posar, sonreír, vestirnos, maquillarnos, tunearnos, arreglarnos, peinarnos, depilarnos, prepararnos para el temido verano… que hoy, ya no somos capaces de distinguir cuál es nuestra verdadera esencia como mujeres, y mucho menos notamos cuándo se trata de una construcción estereotipada impuesta por otros.