Un Mickey Mouse tallado en piedra volcánica con la rigidez de una deidad antigua desafía la mirada del espectador en la vitrina de un museo. En la obra de Nadín Ospina, los íconos de la cultura global pierden su ligereza industrial para adquirir el peso de lo milenario. Un encuentro entre las manos de artesanos contemporáneos y las formas precolombinas que revela cómo la identidad no es un origen puro que se defiende, sino una traducción constante que se inventa entre lo sagrado y lo profano.