Rabí Aba que así como el Nefesh y la Ruaj se aferran al cuerpo de quien los
ama, el hombre debe amar a Dios y aferrarse a Él, como el amor del alma y del espíritu. Los
hombres que se levantan cada noche para estudiar la Torá serán bendecidos con
el amor de Dios. Los justos, cuyos espíritus y almas se aferran a Dios con
el amor apropiado, gobernarán abajo en la tierra, y lo que decreten para el mundo
sucederá. Aprendemos que cuando las almas santas vienen de arriba y los
justos del mundo las atraen a través del apareamiento, son muy pocas las que lo
merecen. Desde el principio las almas de los grandes justos han estado
delante de Dios, quien las observa hasta que llega el momento de entrar en un
cuerpo; merecen ascender al cielo mientras aún están vivos, como Elías y
Enoc. Los niveles de las almas de los justos son mayores que los de los
ángeles, y descienden en cada generación, en el futuro Dios renovará el mundo