¿El último concierto?: “No es ni una advertencia ni una amenaza, es constatar la realidad. Ya hay 15 salas en España que han cerrado”.
Se había anunciado como un streaming el 18 de noviembre a las 20 h, pero quien entró a elultimoconcierto.com solo encontró silencio. “No es ni una advertencia ni una amenaza, es constatar la realidad. Ya hay 15 salas en España que han cerrado”, afirma Lluís Torrents, director de la sala Razzmatazz de Barcelona, y presidente de ASACC (Associació de Sales de Concerts de Catalunya), una de las impulsoras de la campaña ¿El último concierto? como parte de la Plataforma de Salas de Conciertos de España, que llegó a reunir a más de 5.000 personas simultáneas online.
Torrents lo ha afirmado en una tertulia junto a Alberto Guijarro (Sala Apolo), Sergi Egea (Sala VOL) y Alba López (Sala Meteoro) en ‘New Day Rising’, el magazine musical matinal de Radio Primavera Sound que presenta Víctor Trapero, en la segunda hora del programa.
Torrents, Guijarro, Egea y López han valorado positivamente la repercusión de la campaña. “Tenemos el apoyo de medios y público” (Guijarro). “El problema es si tendremos el apoyo que nos va a dar de comer” (López). “Porque durante muchas semanas hemos tenido la línea abierta con la administración, pero al otro lado no había nadie” (Egea). “Hemos comprobado que los políticos no todos reman en la misma dirección –continúa Guijarro–. Hay muchas peleas internas y nos sentimos muy frustrados de ver que se trabaja por partidismo y no por la ciudadanía”.
Los representantes de estas salas de conciertos de Barcelona han denunciado la situación del sector de la música en directo, un sector que Sergi Egea define como “hiper precarizado”: “Hacer conciertos ya era una actividad de riesgo antes de la pandemia”. “Durante la pandemia hemos visto que la música es el área más castigada de la cultura –afirma Alberto Guijarro–, en distintos departamentos no nos miran igual que al teatro o al cine”. “El presupuesto en cultura es solo el 0,67% del presupuesto Generalitat, y la música es el hermano pobre –afirma Lluís Torrents–. Y la mayoría del presupuesto se va para grandes recintos como el Liceu y L’Auditori. Lo que puede llegar a las músicas modernas, pop, rock, jazz, flamenco, es muy poco. La gestión de estas salas es privada, hay muy pocas salas públicas. Las ayudas que recibimos las salas en Cataluña son el 1% de nuestro presupuesto, y eso las que lo recibimos”.
El problema burocrático con las licencias
Muchas de las salas de conciertos de España funcionan con licencias que no se corresponden a su actividad, como rémora de un pasado en el cual la licencia de ‘sala de conciertos’ no existía y de una burocracia que no permite actualizar estas licencias. “Cuando se ha podido retomar la actividad cultural, las salas nos hemos quedado fuera por un nomenclátor administrativo –dice Torrents–. Estamos excluidos, nadie considera que somos un equipamiento cultural. Estamos apretando para concienciar de lo absurdo que es que la música ahora se tenga que hacer en teatros porque las salas están cerradas”.
“En la programación de conciertos en el Castell de Montjuic hemos podido programar y demostrado que podemos hacer bien nuestro trabajo –dice Alba López en referencia al ciclo de conciertos al aire libre Sala BCN, organizados por las salas de la ASACC en verano, y que tenían previsto retomarse el 24 de octubre–. Un promotor no tiene que ir a un teatro para montar conciertos”. “En los teatros, las bandas emergentes no pueden tocar porque no los llenan –añade Lluís Torrents–. Que no abran las salas se está cargando toda una generación de músicos que necesita salas pequeñas para desarrollar sus carrera”. “La situación de las licencias es tan absurda que la semana pasada una peluquería podía hacer un concierto y una sala de conciertos, no”, remata Sergi Egea.
Pero el problema con las licencias no acaba ahí. “Las licencias, en las grandes ciudades, caducan y se pierden: los planes de uso no permiten nuevas licencias”, explica Torrents. Si cierra el Razz, si cierran el Apolo, la VOL o la Meteoro, no llegarán otras salas para ocupar su vacío: “Cada sala que cierra en Barcelona, cada licencia que se pierde, es una sala que ya no abrirá jamás. A menos que se cambie el plan de uso”, afirma el director de Razzmatazz.
El presidente de la Associació de Sales de Concerts de Catalunya se sorprendía que las administraciones no estén apostando por los tests rápidos para mantener la actividad en ciertos sectores en convivencia con la pandemia. “Había un ensayo clínico previsto que está paralizado, y es por cuestiones políticas y por miedos, porque falta voluntad política”, decía en relación al estudio clínico de cribaje masivo en acontecimientos de música en vivo promovido por Primavera Sound, la Fundación Lucha contra el Sida y las Enfermedades Infecciosas y el Hospital Universitario Germans Trias i Pujol que tenía que realizarse en la Sala Apolo en octubre. “Que podamos sobrevivir muchos sectores dependerá de las ayudas, de que se paralicen los gastos, de las vacunas y de la aparición tests rápidos que permitiría trabajar con cierta garantía, y no entiendo que esto esté paralizado”.
Y terminaba con una llamada a la acción política: “En todas las crisis hay gente muy perjudicada, gente un poco perjudicada y otros con beneficios. Hay que hacer una política de redistribución. Las empresas que hayan tenido muchos más beneficios en 2020, que destinen una parte a los sectores más perjudicados”.
Este episodio de ‘New Day Rising’ ha arrancado como siempre con un repaso por novedades musicales, y con Joan Pons y Abel González dando la turra sobre el ‘Repeater’ (1990) de Fugazi aprovechando su 30 aniversario.