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La imagen pública del expresidente Zapatero era, para los fieles del aparato del PSOE y para el núcleo duro del sanchismo, casi como una reserva moral. Para el presidente Sánchez, su homónimo no solo era un apoyo, era una fuente de legitimación. Podría entenderse el shock de las primeras horas, las dificultades para que muchos asuman la traición e incluso puede entenderse el apoyo personal a un amigo. Lo que no es de recibo en un Gobierno democrático y en un partido que ha contribuido a la consolidación de la democracia es la deslegitimación plagada de ira contra la judicatura y la prensa, utilizando, además, a la televisión pública como ariete.
Sin controles y fiscalización que permitan y favorezcan el cumplimiento de la ley y la conformación de una opinión pública libre no hay democracia. El PSOE de Pedro Sánchez no admite críticas porque se considera moralmente superior. No admite lecciones porque considera que en esta democracia está legitimado para repartir carnés de pureza de sangre. Una de las grandes virtudes de la democracia es que permite la discusión pública de todos los problemas que afectan al bien común, incluidos los derivados de la corrupción. El problema no son los jueces, ni la prensa, ni la ciudadanía, el problema es el búnker que Sánchez ha ido edificando y todo el entramado de personas, relaciones y recursos a su servicio, Zapatero incluido. Cayó el mito y su caída arrastrará a todos.
By COPELa imagen pública del expresidente Zapatero era, para los fieles del aparato del PSOE y para el núcleo duro del sanchismo, casi como una reserva moral. Para el presidente Sánchez, su homónimo no solo era un apoyo, era una fuente de legitimación. Podría entenderse el shock de las primeras horas, las dificultades para que muchos asuman la traición e incluso puede entenderse el apoyo personal a un amigo. Lo que no es de recibo en un Gobierno democrático y en un partido que ha contribuido a la consolidación de la democracia es la deslegitimación plagada de ira contra la judicatura y la prensa, utilizando, además, a la televisión pública como ariete.
Sin controles y fiscalización que permitan y favorezcan el cumplimiento de la ley y la conformación de una opinión pública libre no hay democracia. El PSOE de Pedro Sánchez no admite críticas porque se considera moralmente superior. No admite lecciones porque considera que en esta democracia está legitimado para repartir carnés de pureza de sangre. Una de las grandes virtudes de la democracia es que permite la discusión pública de todos los problemas que afectan al bien común, incluidos los derivados de la corrupción. El problema no son los jueces, ni la prensa, ni la ciudadanía, el problema es el búnker que Sánchez ha ido edificando y todo el entramado de personas, relaciones y recursos a su servicio, Zapatero incluido. Cayó el mito y su caída arrastrará a todos.