No es pereza. Es presión.
En la antesala del nacimiento, el cuerpo baja el ritmo, se vuelve más lento y reservado. No es falta de voluntad: es concentración interior.
María también entra en ese silencio donde la fuerza no se demuestra, se guarda.
Este episodio acompaña ese momento donde el cansancio no es derrota, sino preparación. Un espacio para aprender a escuchar el cuerpo, el alma y a no exigirte justo antes de lo más grande.