Camino por la playa y pienso en un tipo de violencia que no deja moretones, pero que duele igual: el abuso psicológico invisible.
No se ve. No hace ruido. Pero se mete dentro tuyo y te roba la voz.
Humillaciones en público, control disfrazado de cuidado, chantaje emocional, invalidación sistemática…
Pequeños cortes que, con el tiempo, te hacen olvidar quién eras.
No traigo soluciones. Solo preguntas que incomodan:
¿Por qué nos quedamos?
¿Por qué justificamos a quien nos humilla?
¿Por qué callamos… cuando el silencio también nos rompe?
Si te reconocés en algo de lo que digo, no estás aquí por casualidad.