“No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (S. Juan 14:1-3).
La gloria prometida era tan dramáticamente real para Pablo que calificó todos sus años de pruebas y tribulaciones por causa de Cristo como “leve tribulación momentánea”, como una parte normal del proceso para que él y sus compañeros alcanzasen “más excelente y eterno peso de gloria.” (2 Corintios 4:17). Él vio el sufrir y el morir por Cristo como el más alto honor para el cristiano. Aunque no todos sean llamados al martirio, Pablo advirtió que “todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús, padecerán persecución.” (2 Timoteo 3:12).