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En las películas románticas suele producirse una escena de reencuentro amoroso, generalmente en la edad avanzada, en la que los protagonistas se reconocen mutuamente como aquel primer amor. Ese que no se atrevieron a vivir abiertamente y que recuerdan con nostalgia en el ocaso de su vida.
De forma paralela a mi entrega total a aquel proyecto empresarial, mi camino se cruzó de nuevo con el de aquel primer amor de adolescencia. Nos conocíamos desde que éramos niños. La importancia de ese reencuentro y los cambios que iban a producir en mi vida, son el eje de todo lo que te estoy contando en este libro.
La chispa adecuada
Tal y como mencioné en el capítulo de la creatividad y las calabazas, la verdad es que yo nunca he sido muy de ligar. De hecho, mis dos cejas hubo un tiempo que eran solamente una. La gente me decía: “tú vas a trabajar en Unicej”. Era igualito que Blas.
A pesar de todo, a mis treinta años había tenido tres relaciones sentimentales que me sirvieron como aprendizaje y crecimiento. Lo que constaté es que nunca me había olvidado realmente de mi primer amor: Fátima. Una persona que, al llegar a aquella edad tan crucial, iba a volver a mi vida de forma inesperada.
¿Quieres ayudarme a seguir escribiendo? Puedes comprar este y otros libros en este enlace: https://cutt.ly/yLHlsgG
By Nacho CaballeroEn las películas románticas suele producirse una escena de reencuentro amoroso, generalmente en la edad avanzada, en la que los protagonistas se reconocen mutuamente como aquel primer amor. Ese que no se atrevieron a vivir abiertamente y que recuerdan con nostalgia en el ocaso de su vida.
De forma paralela a mi entrega total a aquel proyecto empresarial, mi camino se cruzó de nuevo con el de aquel primer amor de adolescencia. Nos conocíamos desde que éramos niños. La importancia de ese reencuentro y los cambios que iban a producir en mi vida, son el eje de todo lo que te estoy contando en este libro.
La chispa adecuada
Tal y como mencioné en el capítulo de la creatividad y las calabazas, la verdad es que yo nunca he sido muy de ligar. De hecho, mis dos cejas hubo un tiempo que eran solamente una. La gente me decía: “tú vas a trabajar en Unicej”. Era igualito que Blas.
A pesar de todo, a mis treinta años había tenido tres relaciones sentimentales que me sirvieron como aprendizaje y crecimiento. Lo que constaté es que nunca me había olvidado realmente de mi primer amor: Fátima. Una persona que, al llegar a aquella edad tan crucial, iba a volver a mi vida de forma inesperada.
¿Quieres ayudarme a seguir escribiendo? Puedes comprar este y otros libros en este enlace: https://cutt.ly/yLHlsgG