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En aquel 2014, además de mi paternidad, se produjo la de mi hermano y la de otro compañero. Aquel baby boom vino acompañado de decisiones empresariales que no tenían precedentes: bajadas de sueldo, modificaciones de horarios y multiplicación de reuniones estériles. Al final iba a ser verdad que tener hijos era la anestesia necesaria para ejecutar medidas impopulares.
Llega Alma. Veintiocho días… otra vez
Nuestra segunda hija nació en 2016, también en febrero. A las 12:45 de un soleado día. Otro momento para mi historia personal y que pude vivir minuto a minuto. De hecho, sus tres primeras horas de vida fueron conmigo porque nació por cesárea.
Un par de meses antes de la buena noticia, fui preparando el terreno en la empresa. Lejos de haberme atemorizado por el ambiente que me rodeaba y, a pesar de ser el único que pedía días de vacaciones con la paternidad, volví a hacerlo pero esta vez de forma mucho más rigurosa. Sentía que el horno no estaba para bollos y comencé a informarme de todo aquello a lo que tenía derecho como trabajador. Dejé de lado la confianza de la palabra dada y comencé a hacer las cosas partiendo de una máxima que, desde entonces, llevo a rajatabla:
Las relaciones laborales sanas son las que se desarrollan en condiciones de igualdad.
¿Quieres ayudarme a seguir escribiendo? Puedes comprar este y otros libros en este enlace: https://cutt.ly/yLHlsgG
By Nacho CaballeroEn aquel 2014, además de mi paternidad, se produjo la de mi hermano y la de otro compañero. Aquel baby boom vino acompañado de decisiones empresariales que no tenían precedentes: bajadas de sueldo, modificaciones de horarios y multiplicación de reuniones estériles. Al final iba a ser verdad que tener hijos era la anestesia necesaria para ejecutar medidas impopulares.
Llega Alma. Veintiocho días… otra vez
Nuestra segunda hija nació en 2016, también en febrero. A las 12:45 de un soleado día. Otro momento para mi historia personal y que pude vivir minuto a minuto. De hecho, sus tres primeras horas de vida fueron conmigo porque nació por cesárea.
Un par de meses antes de la buena noticia, fui preparando el terreno en la empresa. Lejos de haberme atemorizado por el ambiente que me rodeaba y, a pesar de ser el único que pedía días de vacaciones con la paternidad, volví a hacerlo pero esta vez de forma mucho más rigurosa. Sentía que el horno no estaba para bollos y comencé a informarme de todo aquello a lo que tenía derecho como trabajador. Dejé de lado la confianza de la palabra dada y comencé a hacer las cosas partiendo de una máxima que, desde entonces, llevo a rajatabla:
Las relaciones laborales sanas son las que se desarrollan en condiciones de igualdad.
¿Quieres ayudarme a seguir escribiendo? Puedes comprar este y otros libros en este enlace: https://cutt.ly/yLHlsgG