Cuando vamos a Dios es mejor escuchar que mucho hablar. Seamos tardos para hablar y prontos para oír para no ser como los tintos y necios. En las muchas palabras hay necedad y más riesgo a equivocarse.
Cuando vamos a Dios es mejor escuchar que mucho hablar. Seamos tardos para hablar y prontos para oír para no ser como los tintos y necios. En las muchas palabras hay necedad y más riesgo a equivocarse.